La anciana ‒ según ella‒ le hablo en español a la niña
‒⸻ Para, niña, para…
A Juliana le comenzaba a molestar la actitud grosera de la anciana. Sin embargo, era más fuerte la vergüenza que le estaba provocando esta situación, así que se quedó callada. Finalmente, era a su hija a quien esa anciana estaba callando y de una manera imperante y grosera. ¡Por Dios, Como si Paola fuese la única persona que hacia ruido en ese autobús! .
‒⸻ Que anciana tan hipócrita y mentirosa, hace unos minutos Paola era la niña más linda, y ahora? ‒⸻ susurró Juliana.
Sin Darse cuenta, Paola, una inocente niña de un ano, se había convertido en la por enemiga de una anciana de 78 años, o así los parecía. Roberto, trato de quitarle la bocina pero cuando vio que la vieja le hablo de manera agresiva a su hija, se le olvido que era de la tercera edad y que además era muy protegida por el gobierno de Quebec.
La vergüenza se tornó en rabia.


La octogenaria, ahora le decía a Juliana y Roberto que le quitaran el juguete a la niña, su voz se escuchaba agresiva e imperante: ⸻ ¡El ruido está distrayendo al chofer! ⸻ gritaba y manoteaba, sus ojos pequeños se hicieron grandes y amenazadores.
⸻ ¡Oh, mon Dieu!… dijo con una maquiavélica mirada.
⸻Pero si todo el mundo está hablando, madame. Cálmese, ya vamos a bajar, madame ⸻ le dijo Roberto con tono serio. ⸻
Pero la anciana lo ignoro y se dirigió a Juliana:
⸻ Toi, enlevé la cornette. Je n’aime pas.
La anciana dejo atrás sus buenos modales y su cara angelical, ahora era ruda y agresiva. Su voz se oía fuerte e intimidante, parecía policía. Ese brazo que se veían tan débil, habían adquirido gran fuerza, ahora era capaz de levantar su bastón de metal, sin ningún problema.
Unos pasajeros comenzaban a mover la cabeza, desaprobando la actitud de la anciana, otros giraban la cabeza, Otros, estiraban el cuello, alargando la mirada. Todos se preguntaban, ¿qué está pasando? Algo estaba pasando, que todo se volvió silencio.
⸻ No le grite a mi hija, es un bebe y solo estaba jugando.
Faltaban cuatro paradas para la rue Laurier y el autobús comenzaba a vaciarse de la parte de enfrente.
La anciana se paró de su asiento, y con paso firme se dirigió a la niña con intención de arrebatarle la bocina de las manos. La pobre, delicada y enferma ancianita se transformó en un monstruo de maldad. La niña había cometido un grave error.
⸻ J’ai dit que cette chose fait beaucoup de bruit, distrait le messieur conducteur ⸻ la anciana estaba insoportable ⸻ ces gens ne sont venus que pour amener les enfants et plus d’enfants plus de problèmes.
Juliana no entendió lo que la anciana dijo. Que importaba, si su lenguaje corporal todo mundo lo entendía: la anciana estaba hecha una furia. Sin embargo, de arrebatarle a la niña la bocina, fue en vano, ya que, Roberto le quito primero la bocina a la niña, fue un movimiento tan rápido que le detuvo el brazo a la vieja.


⸻Señora, que le pasa, siéntese, cálmese, es un bebe ⸻ le dijo Roberto.
De repente, el autobús se detuvo exactamente entre la rue Bellechaise y Rosemont. Faltaban solo tres paradas para que Roberto, Juliana y la niña bajaran. Y entonces, el chofer grito: Señor bájese por favor. No voy a seguir hasta que ustedes se bajen.
⸻ No. Nos vamos a bajar, ya pagamos⸻ le dijo Roberto.
La anciana volvió a decirle, que el ruido distraía la atención del chofer.
⸻Señora, por favor, el chofer esta acostumbrado a escuchar ruido todos los días, él está capacitado para esto, no es un bebe que lo va a distraer ⸻ le respondió Roberto, ya visiblemente molesto.
⸻Si no se bajan, voy a llamar a inmigración⸻ dijo la octogenaria.
Que insulto más grande dijo esta señora, en un autobús donde la gran mayoría de los pasajeros eran inmigrantes. Entonces, se escuchó, un grito sin aparente dueño, que decía: Ya cállese, señora, está loca.
⸻ ¡Bájese, usted señora!, ¡Quiero llegar a mi casa!
Alguien osado, dijo ⸻Voy a llegar tarde a mi trabajo, señor chofer ¿usted me va a pagar el día?
Juliana, no podía creer lo que estaba pasando, esa viejita de aspecto dulce e indefenso, se trasformó en una malvada bruja de cuento. Ahora los amenazaba con llamar a inmigración. Estaba enferma y sola, seguro ese era el motivo, como tantos ancianos aquí en Quebec.
Al chofer, no le quedo de otra que arrancar el autobús. Y le pregunto a Roberto que donde bajaban. El contesto que en la rue Laurier.
Entonces, se dirigió a la anciana y le dijo ⸻Señora, los señores bajan en la siguiente parada. Siéntese, por favor, cálmese.
El autobús, estaba llegando a la rue Masón. Pero, la anciana ya no estaba en sus cabales y, comenzó a gritar golpeando su pesado bastón de metal en el piso del autobús,
⸻Esta gente, ya son muchos, ya no tenemos espacio, ya no hay comida, Que se regresen. La viejilla lloraba, parecía una niña haciendo berrinche.
⸻Yo me bajo, yo me bajo ⸻ repetía, como huyendo de alguien o de algo. Como con miedo, o rechazo, parecía que el aire no le era suficiente para respirar.
Por fin, el autobús paro en la rue Mason. El semáforo, estaba en verde. La puerta se abrió y ella se bajó con una rapidez envidiable, cruzo una calle, cruzo la otra y se subió a otro autobús, ¡pero era misma ruta 67, Saint Michel!, pero este se dirigía al norte, es decir, este la llevaría de vuelta, a la parada donde coincidió con Juliana y su hija.

Fin

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