“Soy una dolorosa verdad” es lo que la muerte noche tras noche se susurra mientras llega a casa después de un día largo y oscuro de trabajo. Se sienta en su trono y comienza a recapacitar “La vida es un regalo que normalmente no se llega a apreciar hasta que llego yo. Tanta gente quiere vivir después de verme, tanta gente se arrepiente después de sentirme que la culpa me está comiendo, quisiera que todos vivieran el día a día como si fuese el último, para así, poder ir por ellos y que la conciencia esté limpia, las ganas queden intactas y la sabiduría abunde en aquellos que me han juzgado.”

El primer paso para vivir es saber que vas a morir, entendiendo eso, todo será más sencillo, las decisiones serán rápidas, el arriesgarse se convertirá en un lema que sobrepasará las corrientes de aquellos cobardes que no se liberan del “¿Qué pasará?”

No hay vida sin muerte y no hay muerte más trágica que aquella donde no se vivió a plenitud, aquella en donde no hubo riesgos, donde no hubo desafíos, donde no hubo amor de sobra y si abundancia en rencor. Un corazón lleno de odio es la muerte en vida que nuestra mente no desea observar.

La muerte tenía que trabajar, técnicamente no descansa aunque si se da su tiempo para observar muy de cerca a las personas que han dejado de vivir y siguen caminando mientras su mente y corazón permanecen en un abismo. Se dice que en cada relámpago nace alguien y en cada trueno muere otra, así de corta y fugaz es la vida misma.

Cuando la muerte fue por una de sus “Víctimas” esta le comentó:

-“No temas, viviste lo que tenías que vivir. Es el momento de que llegues al lugar en donde los padecimientos, los dolores, las deudas y dudas dejan de existir. Es momento de que te vayas conmigo.”

-“Tengo miedo, eres igual a como te describen, pero por alguna razón siento que me estás mintiendo.” Comentó el agonizante.

-“No tienes que temer, dejas una hermosa familia en buenas manos, serán cuidados, protegidos en tu ausencia, solo quedarán los recuerdos de aquellos momentos en donde lograste la inmortalidad. Serás recordado por tu generosidad, tu creatividad, empatía y simpatía. No te miento cuando te digo que del otro lado quedan cosas buenas para ti.”

-“No quiero irme, al irme dejaré de ver a mis amigos, familia y siento que aún puedo dar más. Déjame quedarme un rato más.”

-“¿Cuánto tiempo quieres quedarte más? ¿Un día, una hora, un año? El tiempo es relativo, se te otorgó un límite y no puedo permitir que lo pases, quisiera, pero no puedo y sé lo frustrante que es, alguna vez yo estuve vivo y ahora me siento muerto al cargarte, al llevarte, así que te entiendo y por ello, permitiré que vengas a ver a tus seres queridos si así lo deseas.” Concluyó la muerte extendiendo su manto.

-“Antes de irme quisiera pedirte un favor. Ayúdame a que no me olviden.”

-“En cada acción, en cada toma de decisiones estaré ahí, susurraré al oído a todo aquel que no se atreva a vivir por seguir en el pasado abrazando tu recuerdo. La mejor manera de venerar tu ausencia es viviendo, no dejando de vivir.”

-“Entonces llévame y mientras lo haces, déjame gritar que me voy feliz, que me voy pleno y que no es mi decisión irme, hice hasta donde pude, luché hasta que mis fuerzas, corazón y mente pudieron.” Afirmó con lágrimas el agonizante que mientras lloraba un par de alas brotaban de su espalda.

 

 

Escrito dedicado a mi maestro y amigo Edgar Ugalde Cardona “Tu sencillez y creatividad siempre quedarán intactas mientras yo diga tu nombre y te recuerde” gracias por todo maestro, te veré pronto querido amigo.

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