Hay miedos que paralizan, que no nos dejan pensar, que nos nublan la mente. A veces son irracionales, y pueden incluso limitar nuestras vidas. Todos hemos sentido miedo. Es algo humano y natural, una respuesta normal de nuestro organismo ante peligros potenciales. Sentir miedo no es el problema, el problema es cruzar esa línea fina que separa aquello con lo que podemos vivir, de aquello que resulta inmanejable para nosotros.

Una vez tuve un miedo de esos. Recuerdo que ese día me tomé unas cuantas tazas de tilo y una infusión de pasiflora, una planta que supuestamente combate el nerviosismo y relaja “profundamente”. No dudo de sus virtudes sedantes, seguramente las tiene, pero en mí no hicieron efecto. Pensaba mucho en la posibilidad de que mi mente me jugara una mala pasada, y se quedara en blanco. Estuve así durante varias semanas, justo antes de pasar por la terrible experiencia de defender mi tesis. Hablar en público jamás fue lo mío: el miedo escénico es el peor de mis miedos.

Según Cheryl Hamilton, una profesora en comunicación del Tarrant County College, en Estados Unidos, el 95% de la población sufre de ansiedad, en mayor o menor medida, cuando debe exponerle una idea a un grupo de personas. En este sentido, la glosofobia, que es el miedo a hablar en público, es algo bastante común. Es tan frecuente que incluso muchas figuras públicas lo padecen. Los síntomas son muy diversos y, dependiendo de cada individuo, se pueden presentar uno o varios de ellos al mismo tiempo. En términos generales, todos sentimos ansiedad y estrés, pero hay quienes les sudan las manos, les duele la cabeza, tienen taquicardia o sienten náuseas. Otros presentan dolor estomacal, se les seca la boca o se sonrojan. Y existen aquellos que tartamudean, o hablan más rápido o más lento que de costumbre.

Una estrategia para combatir o hacer un poco más llevadero este miedo, es conocer a profundidad el tema del que vamos a hablar, y evitar aprenderlo de memoria. Si no lo manejamos bien, con seguridad nos sentiremos más ansiosos, lo que dañará nuestra presentación. Otro aspecto importante es la práctica. Jamás debemos dejar de practicar, pues esto nos dará la seguridad necesaria para poder pararnos a hablar sin que nos tiemblen las piernas. Además, es recomendable probar algunas técnicas de respiración y relajación antes de la exposición; esto siempre será beneficioso.

Si queremos afrontar nuestros miedos, resulta necesario desarrollar autoconfianza. Lo importante es evitar que interfieran en el desarrollo de nuestra vida diaria. Pero si esto llegara a ocurrir, lo más recomendable es pedir ayuda psicológica. La terapia cognitivo-conductual ha dado maravillosos resultados en esto de combatir esta fobia, al igual que la programación neurolingüística (PNL). En todo caso, existen muchas herramientas en la actualidad con las que podemos contar para solucionar este problema.

Hace poco más de un año, el cantautor español Joaquín Sabina sufrió de miedo escénico en Madrid durante una presentación. A los 40 minutos de haber comenzado su concierto, dejó el escenario. Luego regresó y continuó con su espectáculo. Si a un grande de la música le ocurre esto, ¿qué hacemos cuestionándonos? Aunque no creo en las comparaciones, esta vez sirven para dejar claro que cualquiera puede padecer este miedo, pero también cualquiera puede vencerlo. Tú eliges.

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.