Tremenda noche aquella que cayó en un 15 de Diciembre, un día muy normal que era ligeramente contrastado por su clima frío y seco, una chamarra o suéter eran las mejores opciones a la hora de vestir.

“No te vayas ¡Quédate! Cada vez que te veo siento que el mundo por fin conspira a mi favor, pero en cada ocasión que pido que te quedes, una espada atraviesa mi pecho haciéndome creer que la vida no me quiere ver feliz ¿Por qué no puedo encontrar la felicidad en ti y tú si en los brazos de cualquier otro hombre? Una cuestión que posiblemente me arrepienta de preguntar.” Fueron las letras que destacaban en una servilleta a medio usar que por el alcohol y el mal de amores se formaron para hacer de ese 15 de Diciembre, un día inolvidable para mí.

Irónico es que precisamente ese día sea inolvidable cuando utilicé todas mis fuerzas para olvidarte, borré de mis labios tus besos, de mis manos tus caricias y de mi mente tú figura. Ahí está lo asombroso de mi día, te tuve que recordar para olvidarte y no sabes lo que me costó hacerlo, pero mi consuelo es que cada vez que recuerde esa fecha, irremediablemente te volveré a pensar, muy dentro de mí, no te quiere eliminar de mi sistema.

Desearía que aquellos héroes literarios leyeran las palabras que te dediqué, seguramente se reirían, otros acabarían de leer por el morbo de entender el sentimiento de un sobrio que aspira al olvido mediante un par de tragos.

Se necesita más que simple alcohol para no volver a pensarte, un golpe a la cabeza es buena opción pero suena muy doloroso aunque por alguna razón creo que no sería tan doloso como el repasar tus mentiras cada diez minutos.

La solución la encontré en un bar, me acompañan mis dos mejores amigas, vodka y prosa, por desgracia, siempre falta tu amor para crear la armonía perfecta entre una bebida, una pluma y unos ricos besos sabor miel.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.