La noche seguía y en mi mente pasaba la palabra “genuino” palabra tan simple y a la vez tan complicada de ejercer. Todos queremos ser “genuinos” pocos son los que comprenden el sacrificio que uno debe de lograr para entender en toda su esplendor lo que realmente significa dicho término.

Escuchar a mi padre hizo que el tiempo se detuviera, analicé la situación y los momentos extraordinarios pasan y seguirán pasando sin importar las características individuales, no importa la raza, el sexo o la preferencia sexual, la vida es tan corta y está tan llena de bendiciones, que aquel que no la vive por el prejuicio, el señalamiento social, termina por ser un cobarde.

Dejé de pensar en mi papá, pensé en mí, solté mi esencia, vi volar a mi verdadero ser, aquellos rasgos únicos los puse como carta de presentación y al fin comprendí que eso es ser “genuino” y las consecuencias que esto conlleva. Pensaba y pensaba, mucha gente se irá de mi lado, es normal, el brillo real que florece de nuestro ser, normalmente incomoda a los extraños, a los pocos conocedores de la maravilla que es ser único.

Ya quiero vivir, pero vivir de verdad, vivir desde mi tiempo, desde mi amor, vivir sintiendo lo que quiero y debo sentir, no vivir desde los ojos y criterios de los demás.

Al fin creo que mis gustos y preferencias no serán un obstáculo para lograr aquellos anhelos que tengo sobre la vida misma. Es normal tener miedo por lo que tu propia familia puede pensar, lamentable es tener que sentir latente ese temor todos los días. No puedo pensar por todos, me hago responsable de lo que siento, digo y pienso, si las otras personas no concuerdan conmigo o peor aún, si mis padres no me entienden, ellos están mal, yo no, deberán tomar terapia como cualquier otro ser humano que entra en una faceta de negación.

Un nuevo renacer estaba llegando, no lo vi, lo sentí.

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