Voy a aprovechar la época navideña para escribirte un par de líneas. Quiero que sepas que las cartas que te “redacté”, las hice con mucho cariño. En ese momento no me interesaban los acentos ni los puntos; las comas no eran necesarias para que tú y yo nos entendiéramos. Mis deseos eran banales, nunca quise algo que no se pudiera ver ni tocar.

            Siempre te pedía cosas de esas que venden en las tiendas; en repetidas ocasiones te exigí juguetes, muñecas y creyones para colorear. Jamás dejé de cumplir mi trato: portarme bien durante el año era de mis obligaciones favoritas. Tú solo debías cumplir el tuyo: dejarme, debajo del arbolito, mi lista de regalos completa.

            Es verdad, algunas veces me decepcionaste; no me traías todo lo que quería y, en ciertas oportunidades, hasta te confundías. Pero eso no me importó (aunque todavía lo recuerde). Nunca te guardé rencor, más bien has sido el mejor de todos: jamás dejé de recibir regalos, por eso aprovecho diciembre para agradecerte. Sí, ¡gracias!, millones de gracias, San Nicolás.

            Pero ¿por qué debemos ser agradecidos (no solo con él, con todos)? Responder rápidamente esta pregunta quizá nos lleve a contestar: “por cortesía”. Sin embargo, esto de practicar la gratitud va un poco más allá. Según diversas investigaciones científicas, ser agradecidos no solo sirve para agradar al otro, sino que nos aporta muchos beneficios para la salud.

            De acuerdo con Paul Mills, profesor en la Universidad de California (San Diego), la falta de gratitud le hace daño al corazón. Según el estudio que Mills llevó a cabo, el saber apreciar aquello que recibimos está relacionado con tener un buen estado de ánimo, un sueño más reparador y una salud cardíaca envidiable.

            Esta investigación se realizó en un grupo de personas que sufrieron un infarto alguna vez en sus vidas. A ellos se les pidió que practicaran la gratitud a diario durante ocho semanas. Sorprendentemente, se llegó a la conclusión de que los individuos no solo estaban menos deprimidos y tenían más energía, sino que mostraron tener un corazón más sano, y su probabilidad de padecer alguna enfermedad coronaria era menor.

            Aquí no termina el asunto; el corazón no es el único beneficiado con esto de dar las gracias. Según estudios dirigidos por Robert Emmons, profesor de la Universidad de California (Davis), y Michael E. McCullough, profesor de la Universidad de Miami, escribir aquello que agradecemos, nos ayuda a mejorar nuestra parte física y mental. Quienes practican la gratitud tienen un estilo de vida más saludable, manejan mejor el estrés y duermen como bebés. Además, una actitud positiva ante lo que tenemos, sirve para fortalece nuestro sistema inmunológico.

            Son muchas las investigaciones que aseguran que ser agradecidos, también nos ayuda a lograr la ansiada felicidad; así que podemos añadir el agradecimiento en la lista de cosas que debemos hacer para ser felices. Algunas de las maneras de convertir la gratitud en un hábito es escribiendo notas, llevar un diario donde se apunte aquello que se agradece y rezar. Lo importante es enfocarnos en lo bueno que nos regala la vida, aunque a veces nos parezca poco.

            No puedo terminar esto sin agradecer tu esfuerzo por hacerme sonreír hasta cuando me regalabas pijamas (esto es solo un ejemplo; afortunadamente, nunca me diste una). Ahora te pido justamente lo contrario: cosas que no se pueden ver ni tocar. Espero por ti la noche del 24.

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