Llegó diciembre, el mes más hermoso de todos. Hoy inicia formalmente la Navidad. Durante estas fechas todo parece más lindo: hay luces en cualquier rincón y la infinidad de adornos nos recuerda que pronto terminará el año. Pero diciembre no solo trae regalos y alegrías, sino también muchos excesos.

            Aprovechamos estos días para disfrutar al máximo y comer sin parar (y sin pensar en las consecuencias). Tenemos la absurda certeza de poder quitarnos esos kilitos extras el próximo año. Creemos que un par de jugos verdes, de esos que llaman detox, serán suficientes para desintoxicar nuestro organismo.

            No importa lo equivocados que estemos,  nadie nos puede “sacar” de la cabeza la idea de poder revertir los daños navideños: nuestro hígado es fuerte y nuestro páncreas jamás se verá afectado por la lluvia de dulces que, de manera irresponsable, ingerimos. Lamentablemente, cada gramo de azúcar cuenta, y cuenta para mal.

            El azúcar es tóxica, a pesar de ser tan rica y dulce. Consumirla en grandes cantidades provoca estragos en la salud de cualquier mortal. Esta sustancia química, extraída de vegetales como la remolacha, ni siquiera puede ser considerada un alimento: no contiene vitaminas ni minerales.

            Sabemos que es dañina, y aún así son pocos los que logran resistirse a sus encantos. ¿La razón? Este “alimento” genera adicción en quien lo prueba, por eso es peligroso. Según los especialistas, el azúcar es más adictiva que la cocaína. Así que podríamos afirmar que es una especie de droga legal que, al igual que el desamor, mata lentamente…

            El azúcar no solo es azúcar de mesa (esa que le “echamos” al cafecito de las mañanas). Este término agrupa mucho más tipos de azúcares: los dos principales son los monosacáridos (la glucosa, la fructosa y la galactosa) y los disacáridos (la lactosa y la sacarosa). En este sentido, podemos conseguirla de forma natural (frutas, leche, miel…) o en productos procesados (galletas, helados…).

            Pero ¿por qué un “alimento” tan consumido es considerado, por los especialistas, veneno?, por muchos motivos. Para comenzar, cuando la comemos nuestras defensas bajan. Diversas investigaciones señalan que media hora después de ingerir 100 gramos de azúcar, nuestro sistema inmunológico disminuye su función hasta por cinco horas. Y si a esto le sumamos el hecho de que este polvito blanco es uno de los alimentos favoritos del cáncer, quizá seríamos más prudentes al momento de comerla.

            Según el doctor Patrick Quillin, experto en nutrición y cáncer, el cáncer se alimenta del azúcar. Pero esto no es nuevo, en 1939, Otto Wargburg (Premio Nobel de Medicina) aseguró que las células cancerígenas utilizan la glucosa como carburante; una noticia que alertó (y asustó) a más de uno.

            Ciertamente, el cáncer es una de las enfermedades más serias que podrían sufrir quienes ingieren dulces de forma exagerada, pero no es la única, la lista es larga: obesidad, diabetes, caries, depresión, migraña, hipertensión, ansiedad, hiperactividad… Una lista que no termina en esos tres puntos suspensivos.

            No tengo moral para hacer un llamado de reflexión (abuso en el consumo de alimentos ricos en azúcar), pero considero importante, al menos, hacer un esfuerzo. Podemos comenzar por ver las etiquetas: más de 15 gramos de azúcares por 100 gramos de producto ya es una cantidad elevada para nuestro organismo. Así como elegir endulzantes más naturales como el azúcar morena y la miel. Después de todo, lo único que aporta este “alimento” son calorías “vacías”. No vale la pena endulzarnos por dentro, ni siquiera en Navidad, ¡ya somos lo suficientemente dulces!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here