Las plataformas animalistas estiman que será similar a la del año pasado, 468.200 ejemplares. No obstante, creen que no se alcanzará la cifra: «La industria vive su nivel más bajo como consecuencia de la prohibición de importar productos derivados de este mamífero que existe en 35 países»

El domingo 10 de abril comienza la temporada de caza comercial de focas en Canadá. El Gobierno no ha anunciado la cuota prevista para 2016, pero será parecida a la de años anteriores, opinan desde el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW): 400.000 ejemplares de foca pía (Pagophilus groenlandicus), 60.000 ejemplares de foca gris (Halichoerus Grypus) y 8.200 ejemplares de foca capuchina (Cystophora cristata).

Aunque, dado que la caza comercial de focas se encuentra «en su nivel más bajo de la historia», las plataformas animalistas estiman que no se alcanzarán tales cifras, ya que «solo unos pocos centenares de cazadores» participan cada año en la misma. En 2014 solo tomaron parte de la actividad 393 cazadores, cuando en 2006, por ejemplo, su número superaba los 5.500, explica IFAW, que achaca el descenso al desplome del valor de las pieles de focas como consecuencia de la prohibición de la Unión Europea (UE) en 2009 de importar productos derivados de este mamífero. Los vendedores recibieron 31 dólares de media por cada piel en 2015 (en 2006 se pagaban a 105 dólares). Asimismo, apuntan desde el Fondo, el número de compañías dedicadas al procesamiento de productos derivados de foca también ha caído de las 14 que, aproximadamente, existían en la década de los noventa del siglo pasado a las dos que permanecen activas en la actualidad.

Treinta y cinco países han prohibido ya los productos derivados de focas en sus territorios: los 28 Estados Miembros de la UE, Armenia, Taiwán, Rusia (cuyo mercado representaba alrededor del 90% de las exportaciones de pieles de foca procedentes de Canadá), Kazajistán, Bielorrusia, México y Estados Unidos. Y China lo está considerando. «Con pocos mercados internacionales hacia los que dirigir la producción, la actual caza de focas cuesta más en tasas que lo que en realidad reporta a la economía de Canadá. La inversión que hay que realizar para controlar la caza ya duplica el valor de lo que se obtiene de ésta. Además, los gobiernos de Canadá y las provincias de Terranova y Labrador han canalizado desde 1990 cientos de millones en subsidios para la caza de focas. Y, durante las últimas dos décadas, el Gobierno, la industria y los grupos de presión han intentado desarrollar sin éxito nuevos productos derivados de estos mamíferos», apunta IFAW en una nota.

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