Un sabio una vez dijo: “El primer compromiso que firmamos al nacer, es la muerte” es una frase tan cruda, pero tan cierta, el eco de esas palabras tarde o temprano harán un ruido tan inmenso, que la realidad dependerá del entendimiento de esa frase.

Cuando era niña, tuve cientos de héroes, crecí con la creencia de que un súper hombre debía usar capa, un disfraz llamativo con una bonita máscara o algo que no mostrara quienes eran, hoy deseo contarles quien es el héroe que permanecerá por siempre en el cielo, que dejó un cuerpo para convertirse en una estrella, no me importa mostrar su identidad, quiero que la gente conozca de un verdadero súper héroe.

No hace mucho, estaba recordando las anécdotas que me vinculan con éste hombre, me encantaría recordar todo desde cero, desde que me tuvo en sus brazos pero la memoria es cruel y traicionera, el tiempo no juega a favor de nadie y va invicta. A pesar de las diferencias, los malos ratos, puedo asegurar que a partir de hoy, lo comenzaré a recordar con cosas positivas, una de ellas es su sonrisa, nada usual y poco común, única diría yo, cada que salía, la mía se asomaba afirmando que nada malo pasaría, los minutos se congelaban y el momento automáticamente se volvía un recuerdo.

Tengo y tendré tantas preguntas que hacer, lo negativo es que muy posiblemente no haya respuesta a esas cuestiones, tendré que arrodillarme, abrir mis manos y poner mi fe en la montaña más alta.

Mi héroe siempre fue mi padre, no habrá palabras para describir lo que sentía cada vez que lo veía, aquella voz calmaba mi tempestad, aquellos abrazos me daban energía para continuar, aquellas horas jamás fueron contadas, aquel reloj nunca me dijo el tiempo que me quedaba con él.

El poder más asombroso que mi progenitor tenía, era su amor, ese siempre me volvía inmune ante la maldad humana, siempre me hizo creer que en el mundo hay gente mala pero también buena, no importa el daño que nos hagan, siempre hay que valorar la bondad ante cualquier situación ¿Cómo lo sé? Prefirió arriesgar su vida para tratar de salvar a más de una.

Mi papá fue médico, las agallas lo acompañaron en cada consulta, con cada paciente. La población mundial vive momentos desafortunados, unos pocos podrán entender mi dolor, una pandemia tuvo que hacernos entender el valor de la familia, el precio tan grande que conlleva conocerse de verdad, ahora lo entiendo, espero que los demás puedan comprender, espero que por fin entendamos lo que simboliza el trabajo de una enfermera, de un médico, de cualquier persona que pone un grano de arena para sacar adelante una situación que ya está marcada por la cobranza de vidas inocentes.

No deseo hablar del COVID 19, es un tema desgastado, prefiero expresar y describir a uno de sus tantos héroes que se han quedado en el camino, hoy parece que todo es en vano, aseguro que en un par de meses, las cosas cambiarán para todos, el sol volverá a salir así como su gente, la libertad es tan valiosa cuando nos hacen presos, es tan valiosa cuando nos la quitan.

Ya lo dije, el sol saldrá para todos, posiblemente más rápido para los demás, para mí vendrá después, cuando asimile que volveré a ver la luz del día y no su sonrisa que resplandecía al mismo sol.

Gracias papá, te agradezco tu lucha incesante, me duele saber que no podrás estar en mi graduación, que no podrás entregarme en el altar, me duele saber que no podré presentarte a algún nieto, me duele entender que te perdí en físico, más no en espíritu, por ello es este escrito, inmortalizo tu valentía y tu honor pero resalto más tu labor como padre.

Jamás usaste una capa, solo una bata y un estetoscopio, recuerdo cuando a tu consultorio llegaba gente sin esperanza y se marchaban con fe, eso eras tú, fe, gracias a ti comprendí en el valor de las palabras y el poder de las acciones, gracias papi, de nada mundo, se fue un médico que dejó su profesión para retratarse en el marco de los héroes que dejaron huella, para mí, se fue mi padre.

No creía en el amor por siempre hasta que te fuiste, sé que no fue tu decisión, de momento no logro comprender eso que la gente ama decir “Todo pasa por algo” “No hay mal que por bien no venga” en un tiempo más podré comprenderlo, quisiera ser egoísta y decir todo lo que pienso respecto al virus, me encantaría palabrear con maldiciones a todas las personas que no creen y no toman sus debidas precauciones para acabar de una vez por todas con esto, no tomaré esa opción, mejor miro al cielo, te mando un beso y espero a verte de nuevo, quizá no hoy, tal vez mañana.

Querido padre: Si esto fuera una carta, tendría que mandarla al cielo, al paraíso, sé que allá no hay enfermedad, sé que allá están las respuestas a las preguntas terrenales, sé que si tuviera que firmarla, lo haría como “La niña de tus ojos” posiblemente mi carta sea leída primero por dios, si es así “Dios, no entiendo porque te lo llevaste pero acabas de ganar un ángel más, cuídame como él me cuidaba, sé que ya no necesita de nada, está contigo y tú eres la fiel muestra de amor, perdón y bondad.” Hiciste lo que pudiste papá, eres un héroe, no sólo por luchar contra el COVID, lo eres por mostrarme lo hermoso del amor y lo incondicional que es.

 

Fragmento dedicado a: Marco Antonio González Hernández.
“Sé que no te has ido, tu alma ahora es polvo de estrellas, recorres el cielo como un ave, brillas en el sol de primavera. Estás en el mar, el único lugar donde he encontrado el color de tus ojos, aún brillando majestuosamente…

Te amo papá, hasta siempre.”
Atentamente: Ximena.

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