Gladys Felicia Gutiérrez Rodríguez, una madre diez estrellas plus, ha dejado entre nosotros a su hijo Hebert Poll Gutiérrez (un verdadero hijo de Cuba) listo para enfrentar vientos huracanados  y mareas turbulentas.

El escritor no tiene miedo. Prefiere utilizar un arma poderosa, su libro… ¿Cuba qué linda es Cuba? Una obra que crítica a la sociedad cubana actual sin tapujos, denunciando algunos temas latentes en la isla (discriminación racial, burocracia, maltrato psicológico, abuso policial). Pero no es mi misión sino suya (lectores, críticos, amigos o enemigos) comentar sobre la estrategia cultural del autor para luchar contra los incrédulos  que solo ven las manchas del sol.

Después de leer los siguientes cuentos del libro tendrán dos opciones:

– Comprar la obra ( Está en venta en Amazon)

– Entender que Nicolás Guillén, el Poeta Nacional de Cuba, tuvo razón cuando afirmó:

“Mi Patria es tan linda por fuera y tan amarga por dentro”.

Ediel Ayllón Baró      

(Escritor, narrador oral escénico matancero)

 

LOCURA  AZUL

“Mi patria es tan linda tan fuera y tan amarga por dentro”

Nicolás Guillén

En una ciudad de…cuyo nombre no quiero acordarme……

— ¡Oye, tú, ven acá!

SILENCIO

— ¡Oye, tú, ven acá!

SILENCIO

— ¡Ciudadano, por favor!

— Diga.

— ¿Usted está sordo?

— No.

— ¿Entonces por qué no me hizo caso cuando lo llamé?

— ¡Ahhh! ¿Era conmigo?

— ¡Claro que era contigo! ¿Con quién más podía ser?

— Por eso no le respondí. Tengo nombre, no me llamo oye tú ven acá.

— ¿Qué te pasa, negro payaso?

— Es verdad, realmente es verdad.

— ¿Qué es verdad?

— Es verdad que soy negro y estoy orgulloso de serlo. Es verdad que soy payaso y cobro por mis payasadas, pero también soy Licenciado en Comunicación Social, escritor, narrador oral escénico, ¿entendiste, oye tú ven acá?

— Identrifilación.

—- ¿Qué?

—Identrifilación.

— ¿Qué cosa? No entiendo.

El policía habla  más despacio pero un poco enojado.

— Identrifilación.

—Ya entiendo— dice el supuesto delincuente, saca su identificación personal  y se la entrega al defensor de la ley.

— ¡Dame acá, negro payaso!

El policía intenta leer el carnet de identidad y no lo consigue. Tarta…mudeeeaa.

— Nombre.

— Si no sabe leer, ¿para qué me pidió el carnet?

— Ciudadano.

— ¿Qué pasa?

— Me está faltando el respeto.

— ¿Le estoy faltando el respeto? No, oficial. Falta de respeto es usted que el estado le paga mil quinientos pesos al mes, usted gana más que un licenciado  y no sabe leer. Al menos gaste la mitad del sueldo y cómprese un diccionario o un cerebro.

— Me está faltando el respeto. ¡Yo soy la ley!

— ¿Su jefe sabe que tú no sabes leer?

— ¡Tú no, usted, respete a la ley!

— Ya ve.

— ¿Qué cosa tengo que ver?

—Vio que mal uno se siente cuando no lo llaman por su nombre.

— Ciudada…

— ¿Su jefe sabe que tú, digo, usted no sabe leer?

— ¿A ti que cojones te importa?

— Claro que me importa. Me estás haciendo perder el tiempo. ¿Le suben el salario por hacerle perder tiempo a los civiles?

— Nombre.

Silencio.

— Ciudadano. ¿No me va a decir su nombre?

— De acuerdo. M- i- g-u-e-l   M- a- r- t-í-n-e-z   O-l-i-v-a-r-e-s

— ¿Por qué hablas así?

— ¿No quería saber mi nombre?

— Sí.

— Entonces…

— Entonces… ¿Por qué cojones me hablas así?

— Subteniente.

— Capitán.

— De acuerdo. ¿Deletrear el nombre propio es un delito?

— No.

— ¡Uhmmm! Ya veo. Entonces…

— ¿Entonces qué?

— Nada. Solo le pregunté si deletrear el nombre propio era contra la ley.

— Y yo le acabo de decir que no. ¿Cuál es el problema?

— Ninguno. Ahora estoy más tranquilo. Pensaba que estaba infringiendo la ley por deletrear. Como en este país se cambian cada cinco minutos las leyes y los ministros.

— ¡Cuidado con la lengua, ciudadano!

— Artículo 19.

— ¿Arti qué?

— Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. Declaración universal de los Derechos Humanos.

— ¿De qué cojones hablas, negro payaso?

— Libertad de expresión, teniente.

— ¿Libertad de expresión?

— Si, teniente.  Li.-ber-tad- de- ex – pre-sión. Pue-do-de-cir-lo-que –me –da –la ga-na.

— No me hable más así. Yo no soy ignorante.

— Es verdad. Usted no sabe leer, no sabe escuchar, pero no es ignorante.

— ¿Se está burlando de mí?

— No, digo lo que veo.

El policía  saca su walkie talkie y se enoja al ver que este no funciona.

— Al final no me dijo porque me detuvo.

— ¿Estás apurado?

— Claro, por eso le pregunto.

— Es un chequeo de rutina.

— ¡Ahhh! Ya veo veo.

— ¿Qué cojones ves?

— Una cosa.

— ¿Qué cojones es?

— Me pides el carnet por ser negro.

— ¿Qué coño dijiste?

— Me pi-des el car-net por ser ne-gro.

— ¡Cállate la boca, negro payaso!

— ¡Ve que es verdad! Me pides el carnet por ser negro.

— ¡Mentira! Yo soy negro igual que tú.

— Eso es lo que más me molesta, carajo.

— ¡Cuidado con su lengua!

— ¡Mira quién habla! El diccionario andante de las malas palabras. ¿A cuántos negros le has pedido el carnet hoy, en el mes, para realizar tu chequeo de rutina?

— ¿A ti que cojones te importa?

— ¡Claro que me importa! ¿Desde cuándo eres esclavo de los blancos?

— ¡Calla…

— Por negros como tú el racismo se ha fortalecido en este país. Negros como tú han regalado nuestras raíces a los blancos además, no olvides que aquí ser negro es una desgracia. Nuestro único derecho un ataúd y eso si hacemos un contrato inviolable con el director del cementerio: las mejores tumbas también son para los blancos.

— ¡Cállate cállateeeee!

— Después ustedes se ponen bravos cuando el pueblo los acusa de racistas, abusadores, ignorantes, corruptos.

— ¿Qué pinga te pasa? Yo no soy ningún corrupto.

— Usted no, cabo.

— ¡Capitán, cojones, capitánnnnn!

— ¿Qué pasa, le molesta la verdad?

— ¡Qué verdad ni verdad! Mentiras es lo que dices.

— ¿Es mentira que aquí hay corrupción? ¿Es mentira que aquí violar los derechos humanos es parte de la rutina? ¿Es mentira que maltratar a los civiles es parte de la política interior del estado?

— Ciudadano,  no le permito que hable mal del gobierno.

— La verdad es la verdad.

— ¿Eres guapo?

— No, solo digo la verdad.

— ¡Qué verdad ni verdad! Tengo unas ganas de reventarte la cara y meterte preso.

— ¡Imagínese usted! Si cada vez que diga las verdades que la prensa y los artistas con miedo no se atreven decir, me darán golpes y me meterán preso, bueno…. ¡Son tantos años diciendo mentiras, perdón, omitiendo la realidad!

— ¡Está bueno ya, cojones!

— ¡Ciudadano, no luche, está en desacato!

— ¡No estoy luchando oficial! ¿Es mi culpa que usted sea enano? ¡Yo no lo voy a cargar hasta la estación!

— ¿Ya se calmó? ¿Me acompaña tranquilo hasta la estación?

— No hay problema. Quien no la debe, no la teme.

—Ya veremos si debes o no.

El supuesto delincuente saca un móvil, marca un número y…

—Hola. Con Satanás, por favor.

—Es quien le habla. ¿Qué desea?

—Satanás, soy yo Dios.

—Habla rápido. Tengo un día ocupado.

—Satanás, tenías razón. La locura azul ataca solamente a los negros.

 

 

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Soy un artista de origen cubano. Soy un hijo de la Cultura y las Ideas que utiliza el arte como un instrumento de Paz y adoro conjugar el verbo comunicar sin tener en cuenta: raza, credo, religión o cuenta bancaria. También soy...Licenciado en Comunicación Social. Máster en Animación Sociocultural y Relaciones Públicas y Protocolo. Narrador para niños y Adultos. Animador Turístico. Dramaturgo. Narrador Oral Escénico. Tengo ocho libros publicados. Mi última obra es: ¿Cuba que linda es Cuba? (Editorial Primigenios, Miami 2020). También mis escritos aparecen en revistas y en más de 20 antologías de Cuba, Venezuela, Canadá, Estados Unidos, Uruguay, México, Alemania, Argentina y otros países. Actualmente resido en Calgary.

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