Algunos escépticos aseguran que las energías no existen. Este tipo de personas necesitan ver las cosas para confirmar que son reales. Está bien, no tengo nada en contra de ellos. Sin embargo, a veces lamento lo mucho de lo que se pierden por ser tan incrédulos. A mí eso de creer se me da con bastante facilidad, una facilidad que ni se imaginan. No es que me haya dado buenos resultados: muchas veces me he llevado tremendos chascos. Pero estoy convencida de que, al menos, me ha servido para ser más feliz. Como creo en todo, también creo en las energías. Para mí sí existen y, al parecer, la ciencia ha demostrado que, incluso, las podemos absorber de otros individuos.

Somos esponjas humanas, unas esponjas con corazón. Todos, sin excepción, nos empapamos diariamente de conocimiento nuevo, pero también de energía. Un estudio realizado en algas ha pretendido confirmar esto. Según la terapeuta Olivia Lee Bader, las algas absorben energía, y para ella esto se puede aplicar en las personas. Otra investigación realizada en Alemania, específicamente en la Universidad de Bielefeld, asegura que las plantas absorben la energía emanada por las otras plantas que se encuentran a su alrededor. Esto no es algo esotérico, es física pura. Y es real porque lo sentimos.

A todos nos ha pasado. A veces estamos incómodos en compañía de alguien, incluso sin saber por qué. Sabemos que hay “algo” que sin conocer qué es, nos impide disfrutar. Lo mismo ocurre al revés: no entendemos cómo existen personas con las que nos sentimos felices y tranquilos; así las estemos conociendo. Esto tiene que ver con las “famosas” energías de las que tanto desconfían los seres racionales y lógicos. Lo que ocurre es que cuando interactuamos con el otro, intercambiamos energía. Todos tenemos un campo electromagnético que nos rodea.

Existen seres felices, alegres y optimistas; personas que parece no perturbarles nada. Ellos irradian energía, con ellos provoca estar toda la vida. Pero también podemos tropezarnos con individuos que se lamentan por los rincones: el pesimismo es su mejor compañía. Ellos absorben más energía que la que entregan. Y se convierten en “ladrones” que quitan la luz de los demás, una luz que necesitan para poder funcionar. Nos hacen sentir débiles, tristes y cansados; son los que generan ese famoso “ambiente pesado”.

Hay muchas maneras de evitar que nos roben la energía, o que nos bajen nuestra vibración. Algunos confían en las matas, y por eso en sus casas no falta una planta de ruda. Otros aseguran que meditar resulta una técnica estupenda para mantener la luz. Hay quienes creen en cosas tan simples como estar en contacto con la naturaleza: andar descalzos en la grama o abrazar un árbol. Todos estos rituales permiten conectar nuestra parte física con la espiritual y nos llenan de energía. Asimismo, debemos recordar la importancia de actuar con base en el amor, realizando siempre acciones llenas de cariño. Cuando sentimos amor, eso es lo que proyectamos y también lo que recibimos del universo.

Las energías se contagian como la gripe, me atrevería a asegurar que hasta más fácil. Si todos decidiéramos tener una buena actitud ante la vida, esparciríamos solamente energías positivas: el mundo, indudablemente, sería otro. Comienza a llenar de luz a todos los que te rodean; pero no permitas que nadie baje tu vibración. Sal a contagiar esa energía hermosa que llevas por dentro y que tanto necesita ser propagada, ¿qué esperas?

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Erika De Paz

Comunicadora social caraqueña egresada de la Universidad Católica Andrés Bello. Instructora de Pilates y practicante de yoga. Adora leer, escribir y pasar tiempo investigando sobre el bienestar. La salud, la buena alimentación, el deporte y la felicidad son sus temas favoritos, y los protagonistas de este blog.

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