Mi bisabuela coleccionaba elefantes. Cuando la visité hace 15 años, pude darme cuenta de su extraña afición por acumular figuras con la forma de este animal. Estaban regados por todos lados, era imposible detallarlos por completo. Aquella casa vieja, ubicada en una ciudad alemana, albergaba cientos, quizá miles, de elefantes de distintos tamaños y colores. No tenían orden, aparecían en cualquier esquina; ni seguían un estilo determinado, todos eran completamente diferentes. Me pareció un poco excesivo conseguirme con ellos hasta en el baño. Visitar ese lugar fue toda una experiencia para mí; era evidente que a Johanna le gustaba adquirir estas piezas. Hubiese sido buena idea llevarle de regalo un elefante ese día, pero no sabía sobre su amor por reunir esta clase de objetos, no la conocía casi. Lamentablemente, nunca se lo llevé; no la volví a ver.

Dicen que todos tenemos una inclinación por coleccionar cosas, pero no todos lo hacemos. Hay quienes coleccionan piedras; otros prefieren juntar imanes para la nevera, monedas antiguas, estampillas o muñecas de porcelana. Para muchos, los coleccionistas son personas extrañas, individualistas y solitarias. A ellos les motiva un deseo de posesión, y todos comparten ciertos rasgos personales: son sujetos ordenados, perfeccionistas y con una excesiva necesidad de control.

Quienes coleccionan, invierten mucho tiempo y dinero en una afición un tanto obsesiva. Sin embargo, esta especie de ritual puede convertirse en algo patológico; por eso, los que lo practican deben ser cuidadosos, pues su comportamiento podría volverse algo exagerado, sobre todo en individuos vulnerables. En este sentido, acaparar todo lo relacionado con “ese” objeto, evidenciaría un síntoma del trastorno obsesivo compulsivo que, incluso, podría desembocar en una adicción a las compras. Pero apartando esto, coleccionar de manera controlada es beneficioso para nuestra mente, ya que nos permite mejorar ciertas habilidades.

Ser coleccionista demanda unas cualidades especiales en las personas como la organización, por ejemplo. Esta actividad nos ayuda a ser ordenados, así que coleccionar es una forma divertida de aprender a cuidar lo que tanto queremos. También nos permite trabajar la perseverancia: sabemos que una colección no se hace de un día para otro, por lo que debemos ser constantes, un desafío en los tiempos actuales donde lo único que queremos es obtener resultados inmediatos. Y es que un buen coleccionista jamás se rinde, hace todo por adquirir el objeto que busca; es una persona que también desarrolla la paciencia.

Coleccionar, además, es una actividad estupenda para ocupar nuestro tiempo de ocio. Constituye una magnífica forma de llenar nuestros ratos libres, nos da placer y nos entretiene, a la vez que promueve la socialización: muchas personas intercambian piezas para lograr completar una colección. Asimismo, mejora nuestra capacidad de memorización, pues debemos recordar todo lo que tenemos para evitar comprar una pieza repetida.

Aun cuando existen quienes piensan que coleccionar es una pérdida de tiempo, dinero y espacio, esta actividad da un sentido al logro a quien la realiza, y permite mantener a las personas motivadas y curiosas. No sé si aun existe esa enorme colección de elefantes, lo que sí sé es que ese montón de figuras sirvieron para hacer inmensamente feliz a mi bisabuela. Y si detrás de este hobby obtenemos tantos beneficios ¿por qué no empezar a practicarlo?

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Erika De Paz

Comunicadora social caraqueña egresada de la Universidad Católica Andrés Bello. Instructora de Pilates y practicante de yoga. Adora leer, escribir y pasar tiempo investigando sobre el bienestar. La salud, la buena alimentación, el deporte y la felicidad son sus temas favoritos, y los protagonistas de este blog.

 

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