Ni los más optimistas esperaban reeditar la mayoría absoluta, después de que los sondeos establecieran un empate en intención de voto entre liberales y conservadores.

Justin Trudeau emergió en el escenario del Palacio de Congresos de Montreal en la madrugada del martes, cuando ya se había confirmado su reelección como primer ministro, en directo para todo Canadá. Fue todo sonrisas, aspavientos de felicidad y pulgares al aire. «De costa a costa, esta noche, los canadienses han dado la espalda a la división y la negatividad», dijo en el arranque de su discurso, repleto de lugares comunes de su marca política optimista y «soleada»: «Queremos dificultades para nadie y prosperidad para todos”, “daremos voz a los que no la tienen», «avanzaremos juntos hacia un mejor futuro»…

El líder del Partido Liberal sonó más impostado de lo habitual porque dejó fuera otra realidad: perdió la mayoría absoluta con la que ha gobernado desde 2015, tendrá que pactar o encontrar socios de Gobierno y su principal rival, el conservador Andrew Scheer, se impuso en el voto popular. En televisión, Trudeau aparecería exultante, entre vítores de seguidores. Pero el ambiente en ese mismo ese escenario durante el recuento fue muy diferente y más cercano a la realidad del resultado electoral: una alegría calmada, casi aliviada, después de que el primer ministro lograra salvar el cuello tras temerse por su reelección.

 

Fuente: ABC

 

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