Estaba pasando por la calle, mi día no podía ser más perfecto, el jefe me felicitó en el trabajo, los negocios van avanzando muy bien y me han recompensado por ello, nadie sabe el sacrificio que me tocó hacer para estar donde estoy, lo imaginan pero no lo saben.

Han dejado que salga de trabajar y utilice el resto del día para relajarme, ahora con tiempo de sobra no sé cómo lo pueda aprovechar, podría ir a comer a ese restaurante que tanto me gusta, podría caminar hasta que mis instintos fallen y sea momento de parar, el poco conocimiento nubla mi mente y en verdad no tengo ni idea de que hacer.

Cuando camino puedo apreciar una tienda de perfumes, estaba interesado por comprar uno, ahora que lo pienso, no tengo una fragancia que me identifique, hay muchas en el mercado y no siempre se puede conectar con un aroma, el no tener un olor preciso hace que me sienta sin personalidad.

Ingreso a la tienda, es vieja, todo está hecho con madera, la puerta es de metal pero uno que claramente es fino, es una puerta hermosa pero muy ruidosa, al momento de abrirla hace un tremendo sonido que de inmediato percata al vendedor.

-“Buen día joven ¿Cómo puedo ayudarlo?” Me dice un señor de unos cincuenta o sesenta años con un porte elegante, un traje de tres piezas perfectamente planchado de color gris oscuro con una camisa blanca, pero un blanco impecable, un blanco que sólo puedo ver en los comerciales de detergentes.

-“Sí por favor, busco algún perfume pero no tengo idea de nada sobre el tema, busco algo que sea reflejo de mi personalidad, un aroma tan rico que las mujeres queden sorprendidas y quieran conocerme con sólo olerme mientras que los hombres me admiren.”

Parece que dije un chiste, el vendedor se ríe pero no fue una risa normal, creo que es más una risa sarcástica.

-“Perdone pero para lograr eso, primero debe de revisar que es lo que usted proyecta, tengo miles de perfumes que si los usa la persona correcta, lograría cualquier propósito que se ponga, los anuncios son mera publicidad, fotografías lindas y modelos que nos hacen creer que usando un determinado perfume, nos pareceremos a ellos.”

Tenía toda la razón, en realidad me cuestioné ¿Qué imagen proyecto? ¿Cómo me siento? ¿Cómo me veo? ¿Qué hago para que la gente me vea diferente?

-“¡Entiendo! Sólo busco un perfume que me guste y poder identificarme con él.”

-“Lo puedo ayudar con eso, dígame, ¿Busca un aroma para el día, para la noche o para toda ocasión? ¿Se siente más identificado con el verano o el invierno?”

No entendía las preguntas, no imaginaba que fueran necesarias para comprar una simple fragancia.

-“La verdad no sé, quisiera que fuera para toda ocasión pero amo la noche, me encanta el misterio y busco algo que sea difícil de reconocer.”

-“Bueno, digamos que eso no me ayuda mucho, puedo mostrarle algunos que son para la noche, las siguientes fragancias son utilizadas de manera nocturna.”

Me comenzó a mostrar varios perfumes con nombres que me gustaban “Salvaje” “Chico Malo” “Estrella de Fuerza” eran algunos de los nombres que sobresalían de las muestras, todos me gustaban pero por ninguno perdía la cabeza, no había uno que me hiciera explotar de emoción, que mi sentido del olfato apagara a los otros sentidos.

Pasó un buen rato, un poco más de hora y media, oliendo y oliendo, ninguno ponía mi mundo de cabeza.

-“Señor, con todo respeto, llevamos bastante tiempo, creo que soy un experto en perfumería pero la verdad, los perfumes no tiene la culpa, usted es quien no entiende quien es, no identifica su propia personalidad.”

Me sentí ofendido, pasé de ser joven a ser un señor, pero era verdad, no sé quién soy.

-“Soy misterioso, no dejo que nadie sepa de mi más allá de lo que quiero que sepan, me considero un chico malo porque cuando estoy con una mujer, tengo malas intenciones sin dejar de ser un caballero, me encanta el frío, siento que es porque así es mi personalidad, soy serio muy serio.”

La persona que me estaba atendiendo dio una vuelta, comenzó a ver en las repisas más altas del establecimiento, empezó a buscar algo, pareciera que le describí un perfume, su impaciencia comienza a detonar así que se va por un momento.

¡Lo encontré! Suena al fondo de un pasillo angosto, es él y viene caminando rápido con algo en mano.

-“¡Por fin lo encontré! Estoy seguro que este perfume le va a encantar, tiene una diversidad de mezclas, empieza con un cuero y un tabaco quemado que se combina con un poco de ron, whisky, toques de agua marina y cítricos como el limón y la mandarina.”

La descripción me parecía un poco grotesca, mi ignorancia me hacía dudar de que pudiera ser una buena fragancia, esos aromas siento que no se pueden combinar. Lo huelo, el tiempo no se puede detener pero lo hizo, mi vista, mi tacto, mi gusto y mi oído desaparecieron, solo estaba mi olfato que quedó fascinado al momento de oler ese perfume.

-“¿Pero qué es esto? Es una verdadera delicia.” Dije en un tono de sorpresa.

-“Es su perfume, creo que si las fragancias hablaran por su dueño, esta gritaría su nombre.”

-“Concuerdo con usted, me lo llevo por supuesto. ¿Cómo supo que me gustaría?”

-“Sencillo, es el mismo que yo usé para conquistar a mi mujer, quería parecer misterioso. Recuerde que no importa el perfume, dejamos huella por quienes somos, no por como olemos, la verdadera magia está en las palabras.”

Ese comentario me hizo pensar mucho, aunque admito que usando este perfume me siento muy confiado, mi postura mejoró y mi mirada dejó de enfocarse en el suelo.

-“Gracias, tendré en cuenta su comentario, hasta luego.” Salgo del lugar.

Es un nuevo día, me levanto con una actitud nueva, dejo de lado las camisas viejas y tomo una nueva, una que tenía guardada en el ropero, jamás la usé ya que no me quedaba pero tengo el presentimiento que hoy es diferente.

Tomo mis zapatos perfectamente lustrados, me dejo abierta la camisa hasta la mitad del pecho, me siento libre, las mangas de mi camisa las doblo y a pesar de que mis antebrazos están un tanto apretados, me veo increíble.

Antes de irme al trabajo me pongo mi nuevo perfume “Hoy será diferente” es lo que digo al momento de realizar la acción.

Empieza mi camino para llegar al trabajo, en el transcurso puedo notar varias miradas de mujeres pero en vez de agachar la vista, me les quedo viendo y ellas terminan bajando su mirar con una pequeña sonrisa.

Llego al trabajo, antes de pasar a mi oficina me dirijo a la cocina, quiero dejar mi comida en el refrigerador.

Llego a la cocina, me intercepta Julieta, yo estoy perdidamente enamorado de ella y normalmente soy torpe, estando a su lado no puedo decir ningún comentario inteligente.

-“Hola Iker ¿Tendrás el informe mensual del mes de Enero? Ya sabes cómo es el jefe y quiere revisarlo lo antes posible ¿Podrías pasármelo?”

Julieta dijo eso y tiré la comida, su presencia me pone nervioso, su físico me eriza y su mirada me enloquece.

-“Hola, si, si, si, yo te lo llevo a tu lugar.” Entre tartamudeo, comienzo a levantar mi comida y ella me ayuda.

-“Iker ¿Te hiciste algo? Te ves diferente, en realidad me gusta.” Me lo dice mirándome a los ojos y nuevamente pierdo un poco los sentidos hasta que inhalo y puedo percibir en el aire mi fragancia.

-“Para nada, creo que todo es igual que siempre, posiblemente sea la camisa.”

-“Es probable, pero te ves bien, algo en ti cambio, se puede percibir.”

-“Quizá eres la única que lo percibe.”

-“O quizá tú no te des cuenta.” No deja de verme, trata de acercarse y me pone más nervioso.

-“Yo me siento igual que siempre, no veo ningún cambio.”

-“¿Cómo te sientes?”

-“Nervioso cada vez que me hablas, torpe cada vez que te acercas.” Digo en un murmullo y agacho la mirada.

-“Es curioso porque me siento igual que tú, siempre que hablamos es por iniciativa mía.” Busca mi mirada perdida.

-“Lo sé pero es que no me acerco a ti por temor a hacer una tontería y me esfuerzo tanto que termino haciéndolas.”

-“Deberías de hablar más, todas aquí creemos que eres muy misterioso y eso nos gusta. ¿Qué te parece si después del trabajo te invito a comer? Así podría saber si realmente eres un misterio.”

-“Me encantaría, sería algo muy bueno y por supuesto que acepto.”

-“Perfecto, entonces te dejo y por favor mándame el informe.”

-“De inmediato.” Le doy la vuelta a Julieta y me marcho a mi oficina.

-“Iker… Hueles muy rico.” Esas fueron sus últimas palabras mientras me giro y le guiño el ojo, el perfume no era yo, yo era el perfume.

Seré muy franco, quiero pasarme el momento de la comida, fue algo muy simple, preguntas muy normales para conocer a una persona, color favorito, comida y cosas bobas que todos decimos para romper el hielo y poder entrar en la intimidad de una persona.

Lo verdaderamente interesante fue cuando fuimos por un trago en la noche, entre par de copas, Julieta me dice: “Solo deja que hable tu cuerpo” no recuerdo mucho de mí alrededor, me enfoqué en ella, en tocar su cadera y pegar su cintura mientras una canción con ritmo pegajoso sonaba.

Sus ganas de pasar a otra cosa era inminente pero durante toda la noche, una frase era la que se repetía de su boca “Iker, que rico hueles.” Comencé a subir las defensas y pensar que el perfume se apoderaba de mí, yo no salgo a bares o sitios para bailar, no ingiero alcohol y perdí la cuenta de los mojitos que había bebido.

-“Es momento de irnos Iker.” Me dice Julieta sin despegarse de mi cuello, me besa cada vez más lento.

-“Está bien, pediré un taxi para que llegues a casa.” Fue lo que contesté y sorprendida me responde:

-“Hay mucha noche para los dos.”

-“¿A dónde quieres ir?” Pregunto, su respuesta me había parecido muy inusual, eran las dos de la mañana y la mayoría de los lugares habían cerrado, debíamos trabajar más tarde y yo deseaba descansar.

-“Llévame a un lugar donde nadie pueda escucharme gritar.” Es lo que Julieta contesta acercándose a mi cuello.

Estaba anonadado por la respuesta, obvio quería que pasara de todo con ella pero no creía que era el momento, ante todo está mi prudencia pero el recordar el baile y los besos, hacía que mis instintos se apagasen, el olfato permaneció y percibió aquel aroma tan espectacular.

-“Mi casa está más cerca, quiero desbaratar tu ropa lo antes posible.”

-“Y yo quiero olerte encima de mí.” Fueron sus últimas palabras antes de irnos para mi hogar.

No describiré qué pasó, es más que obvio, pero si diré que cuando llegamos, me puse un poco más de perfume y ella enloqueció, se volvió otra mujer en la cama, hizo de mí lo que quiso, me sentí utilizado pero no me disgustó, me encantó.

Al terminar el acto sexual le pregunté: “¿Te gustó?” ella respondió: “Claro, mi cuerpo es el que habla. Me encanta como hueles, creo que ese es tu mejor atributo.”

¿Mi mejor atributo? No podía creer que me haya dicho eso, no le gusto yo, le gusta el aroma y lo que éste genera en ella.

-“Dime, al olerme ¿Qué sientes?”

-“Al olerte pierdo mis sentidos, todos se apagan pero mi olfato hace que reaccione al deseo y desde que te olí te deseé, imaginé que estaba con un actor, con un modelo, con un chico malo que no teme a hacerme sentir.”

-“No estás aquí por mi personalidad, estás aquí por el deseo que un simple perfume generó.”

-“No es así, estoy aquí por “El Perfume” eres atractivo pero no tienes personalidad, lo que me gustó fue que te olías y adquirías un distintivo que no es tuyo, te la creíste y yo terminé por creérmela.”

Me levanto furioso, tomo su ropa del suelo y le pido que se vista.

-“Bueno pues es momento de que te vayas, alguien seguramente encontrará atractiva mi verdadera personalidad.”

-“Para que eso suceda, debes de tener una guapo.” Julieta tomó sus cosas y se fue, me quedé analizando la situación, estaba en frente del buró que da a mi cama, curiosamente es donde guardé el perfume, me acerco a él y en una rabieta decido tirarlo a la basura.

“Eres un mal que no necesito.” Dije en voz alta mientras aventaba el perfume, al momento de hacer eso, vuelvo a percibir ese olor tan espectacular.

Saco la fragancia pero en lugar de colocarla en el buró, la pongo en mi portafolio.

Se me hizo tarde por la desvelada, me bañé y vestí lo más rápido posible, llegué al trabajo veinte minutos tarde pero al llegar noto que hay una nueva recepcionista en la entrada de la oficina, un verdadero ángel es lo que mis ojos percibían.

Una mujer de unos 26 años o 29, era la que nos estaba recibiendo, rubia con una piel blanca que combinaba perfecto con el color azul de sus ojos.

-“¿Puedo ayudarlo?” Es lo primero que me pregunta la chica nueva, me volteo y me agacho fingiendo atar mis cordones, saco el perfume de mi portafolio y me pongo un poco.

-“Yo trabajo aquí, eres nueva y quiero darte la bienvenida, cualquier cosa que necesites no dudes en contactarme, soy Iker y aparentemente seré tu jefe.” Mi voz se hizo más grave, la postura mejora y mi pecho se infla.

-“Perdone Jefe, me puso a su disposición el señor Arturo.” Me comenta agachando su cabeza.

-“Lo supuse, estaré en mi oficina por cualquier cosa.”

-“Si señor Iker.” Me doy media vuelta y decido caminar cuando escucho un: “Señor… huele muy bien.” Me regresé a su lugar y le pregunto: “¿Qué te parece si saliendo te invito a comer? Así puedes conocerme y entender ciertas cosas de la empresa.”

-“Eso me encantaría señor, es un hecho.” Me mira sonrojada.

-“Es una cita entonces, permiso.” Nuevamente me doy la vuelta y me marcho.

-“¡Señor! Soy Tere por cierto.”

-“Tu nombre no importa, hasta la tarde.” Dije mientras sonreía y me iba a mi oficina.

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