Allí estaba yo, rodeada de gente que conocía, y de una que otra persona extraña. Había caído nuevamente en la tentación de asistir a un curso; mis ganas de aprender siempre me han motivado a participar en innumerables talleres gratuitos y caros, buenos y malos. En muchos he podido adquirir conocimientos útiles; otros sólo me han servido para conocer gente. Esta vez, el grupo era pequeño; mientras esperábamos al profesor, intentábamos conocernos. Yo había hecho mi tarea: Google es maravilloso para investigar individuos. Así que sabía que quien iba a dictar las clases era un bailarín venezolano famoso, un coreógrafo estupendo de unos 60 años de edad. La cabeza de este hombre alto casi rozaba el techo, y su excelente postura me hizo envidiarlo por unos segundos. Nuestra cita era los jueves; ese día, en aquella casa que funcionaba también como estudio de Pilates, nos reuniríamos unas ocho personas para aprender sobre un curioso método: la Técnica Alexander.

Este método de reeducación corporal fue creado por el actor australiano Frederick Matthias Alexander, quien luego de haber presentado una ronquera que le impedía hablar (y tras probar cientos de métodos para poder curarla sin éxito) reconoció el origen de su problema, a través de espejos. Lo más asombroso: las cuerdas vocales no eran las culpables de este inconveniente, sino el mal uso que él tenía de su cuerpo. Esto no lo descifró de un día para otro, fue un proceso de una profunda auto observación. Pero con ello, logró crear una técnica asombrosa que para algunos constituye un arte, el arte de hacer buen uso de uno mismo.

La Técnica Alexander nos enseña a reconocer los malos hábitos posturales con la finalidad de ser conscientes de ellos y poder corregirlos. Es un método que permite restablecer nuestro cuerpo y mente para aprender a movernos con mayor facilidad y coordinación. También favorece el sistema nervioso, nuestra capacidad respiratoria, la fuerza muscular y la velocidad en la que reaccionamos. Además, ayuda a potenciar el uso del cerebro, y mejora la percepción que tenemos de nuestro cuerpo en el espacio.

Las personas que asisten son alumnos y no pacientes, y quienes ofrecen esta técnica son profesores. La cantidad de clases que se deben tomar depende de las necesidades de cada individuo. El profesor que realiza la técnica, utiliza sus manos para darle soporte al cuerpo de la persona y para guiar su movimiento. Con las clases aprendemos a reconocer cuáles de nuestros hábitos son dañinos para nuestra postura, y logramos alinear el cuerpo de manera natural. Quizá algunos podrían pensar que este método constituye una lista de ejercicios, pero no se refiere a eso; tampoco es un tratamiento. Aquí lo que se busca es el conocimiento corporal, el equilibrio y la movilidad para mejorar, entre otras cosas, la respiración, liberar tensiones y prevenir los terribles dolores musculares.

Aprender la Técnica Alexander es útil para cualquiera. Es un método sencillo y práctico que nos permite utilizar el cuerpo de una manera correcta, modificando nuestro pensamiento. Es una forma de explorarnos a nosotros mismos; un viaje mágico y muy interesante que emprendemos para balancear nuestro organismo.

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Erika De Paz

Comunicadora social caraqueña egresada de la Universidad Católica Andrés Bello. Instructora de Pilates y practicante de yoga. Adora leer, escribir y pasar tiempo investigando sobre el bienestar. La salud, la buena alimentación, el deporte y la felicidad son sus temas favoritos, y los protagonistas de este blog.

 

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