Siempre pensé que el origen de aquella galleta estaba dentro de un bolsillo. Luego crecí y entendí que aquel bolsillo, cocido a esa camisa de botones, sólo servía para guardar galletas, no para reproducirlas. El dueño de ese bolsillo se llamaba Marcial, y era mi abuelo. Con él compartí casi veinte años de vida, y desde que tengo memoria lo recuerdo con sus camisas con bolsillo. Él me regaló sus historias de guerra, sus pinturas y los juguetes que botaba el mar… los que conseguía a la orilla de la playa. Por supuesto, también me dio un montón de galletas que sacaba constantemente del bolsillo de sus camisas. Siempre eran las mismas, él adoraba comerlas y también regalarlas; con él conocí las galletas María.

Jamás entendí su adicción por estas galletas; sobre todo, pudiendo comprar otras; unas de chocolate, por ejemplo. Pero nadie puede negar que, independientemente de si nos gusten o no, son todo un clásico. Al parecer, y contrario a lo que yo pensaba, mi abuelo no era el único que las compraba: millones de abuelos más en otros países también lo hacían. Se consumen en todas partes del mundo, y tienen más años que los que tendría Marcial ahora: se crearon en Londres en 1874.

La empresa responsable de elaborar estas galletas circulares fue Peek Freans. Sus dueños, dos reposteros llamados James Peek y George Hender Frean querían preparar un bizcocho para tomar el té que fuera el regalo de bodas para la duquesa rusa María Aleksándrovna y el príncipe inglés Alfredo I de Sajonia-Coburgo-Gotha. En honor a ella, bautizaron estas galletas como “Marie biscuit”; unas galletas que se hicieron famosas en Europa, especialmente en España, de donde casualmente era mi abuelo. En este país, esta galleta simbolizó la recuperación económica luego de la Guerra Civil: las panaderías las producían en cantidades exorbitantes debido a que el trigo había bajado de precio para aquel entonces; de allí que se convirtieran en un alimento imprescindible en el desayuno de los españoles.

Uno de los atractivos de esta galleta es su cualidad para mojarse sin deshacerse tan fácilmente. Son baratas y, según algunos especialistas, son más sanas que muchas otras. Sabemos que las galletas consumidas en exceso perjudican la salud, pero éstas en particular no son tan dañinas. De hecho, no contienen purinas por lo que las personas con acido úrico alto pueden comerlas con tranquilidad.

Muchos nutricionistas aseguran que ninguna galleta es saludable, pero también existen quienes defienden las de este tipo en específico. Y es que si tomamos en cuenta que cuanto menos lleve la galleta, mejor; las Marías al ser bastante simples son unas de las mejores. Sin embargo, aunque sabemos que no aportan carbohidratos de calidad, nadie puede negar que estos carbohidratos nos dan mucha energía; y hay quienes afirman que tienen menos grasa que otras galletas de marcas comerciales.

Las Marías son así, sencillas… no andan con pretensiones. Sin cremas ni chispas, sin coberturas ni chocolate, lograron calar en el paladar de millones de personas. Son fáciles de conseguir, y perfectas para merendar y acompañar con café. Sólo debemos evitar comerlas en exceso, no es brócoli. Los bolsillos de mi abuelo jamás estuvieron vacíos, en cuestión de minutos reponía la galleta que comía o le daba a alguien. Para él, estas galletas eran especiales; para mí, el especial era él.

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Erika De Paz

Comunicadora social caraqueña egresada de la Universidad Católica Andrés Bello. Instructora de Pilates y practicante de yoga. Adora leer, escribir y pasar tiempo investigando sobre el bienestar. La salud, la buena alimentación, el deporte y la felicidad son sus temas favoritos, y los protagonistas de este blog.

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