¿Quién no se ha enamorado? El amor es el mejor de los clichés; sin duda alguna, mi lugar común favorito. ¿Acaso existe algo más delicioso que suspirar durante todo el día? Nadie puede negar que la sensación de caminar sobre las nubes resulta maravillosa, al igual que el revoloteo de las famosas mariposas en nuestro estómago. El amor nos enceguece y, paradójicamente, nos hace ver todo de colores. Nos embrutece, y nos convierte en las personas más felices o tristes del mundo.

La necesidad de enamorarse es un instinto primitivo, necesitamos amar y ser amados. A veces vivimos amores tormentosos y dolorosos con los que podemos hasta perder la razón. Otras veces tenemos la dicha de vivir historias increíbles, como las que relatan las mejores novelas románticas. En todo caso, el amor es un sentimiento mágico que le otorga un significado especial a la vida de cualquiera. Son muchos los científicos que lo han investigado a profundidad; sabemos de sobra que, desde el punto de vista biológico, involucra el cerebro y las hormonas: esto de amar no sólo es una cuestión de sentimientos, también es algo físico.

Pero, volvamos con las mariposas. Esos animales que de manera incontrolable se mueven en nuestra panza cuando estamos enamorados, existen. Hay una razón científica para esto, pero en el amor todo tiene que tener un nombre hermoso o una etiqueta mágica, así que en lugar de expresar que lo que realmente nos ocurre es una secreción gástrica, resulta más emocionante decir que tenemos un montón de animales con alas en el estómago (una forma metafórica de describir lo que nos pasa).

Según Helen Fisher, experta en relaciones humanas de la Universidad de Colorado, estas mariposas no son más que movimientos peristálticos intestinales que ocurren durante la fase de enamoramiento entre dos personas. Los especialistas señalan que este síntoma físico es temporal: sólo dura meses, aunque algunos aseguran que incluso podemos vivir sintiéndonos de esta manera hasta dos años. Pero ¿por qué sentimos este cosquilleo? ¿Por qué nadie se salva de la visita de estos adorables insectos?

El estómago es conocido también como el “segundo cerebro”. Nuestro tracto digestivo está rodeado por unas cien millones de neuronas, las cuales permiten establecer un contacto más cercano con nuestro cerebro. En este sentido, cuando sentimos las mariposas, el “cerebro” de nuestro estomago se comunica con el cerebro de nuestra cabeza. Por ello, no es raro que nuestro sistema digestivo tome sus propias decisiones: posee algunas de las mismas terminaciones nerviosas que las de este importante órgano. Y si a esto le sumamos que cuando estamos enamorados producimos ciertas sustancias químicas que nos hacen sentir como en el cielo, podemos estar seguros: lo que sentimos es real, existe; no es un invento.

El amor siempre será un buen tema para ser estudiado; después de todo, es lo que mueve el mundo. Aun cuando estas mariposas sólo aparecen al comienzo de la relación amorosa, jamás perderé la esperanza de que las mías sigan revoloteando incluso luego de que la fase de enamoramiento termine. Espero que sean especiales, y que nunca dejen de volar.

 

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