Ana es una mujer de carácter jovial, pero reservado a la vez, tiene ojos oscuros, rasgados y expresivos. Es pequeña de estatura, por lo que algunos compañeros del trabajo la llaman “Petit”.

La peruana de nacimiento trabaja como enfermera en un hospital en Montreal, ciudad donde vive hace más de 20 años.  Sin embargo, jamás pensó vivir en Canadá, es más, ni se imaginaba cómo era el país de la hoja de maple, solo había escuchado que su media hermana vivía ahí, aunque tampoco la conocía.

Por aquel entonces, su vida en Perú parecía ir bastante bien, según relata, tenía un enamorado que adoraba, salía a bailar salsa con sus amigos y comer rico con los manjares de su tierra, por lo que la idea de vivir en otro país le parecía extraña.

Ana explica que su familia la trajo con engaños, que su papá de 80 años en aquel entonces, le dijo vendría con ella, aunque al llegar al aeropuerto no había rastro de aquel señor, policía jubilado.

Junto con la hermana que vivía en Canadá, la mamá de “Petit” había tramitado una visa familiar, por lo que llegaron juntos, la mamá, Petit, su hermano mayor y el menor, este último solo se dedicaría a estudiar, mientras ellos trabajaban.

Por aquel entonces, el primer ministro de Canadá era  el quebecua Joseph Jacques Jean Chrétien (‘93-’03), seguidor de los ideales de multiculturalismo de Pierre Trudeau.

Para hablar sobre la migración latina en Canadá, la investigadora Mónica Verea, cita en su libro (Migración temporal en América del Norte: propuestas y respuestas) a Fernando Mata, quien dice que los latinos llegaron principalmente en 4 etapas: por la explosión industrial de los años 70, que trajo a muchos hijos de europeos nacidos en AL, después  llegaron muchos expulsados por las dictaduras militares en el sur, Chile, Argentina y finalmente los centroamericanos, arrastrados por las guerras civiles en sus países.

Ana como inmigrante latina, llegó sin saber hablar francés o inglés, pero su hermana consiguió un trabajo en una fábrica textil. El trabajo era duro y repetitivo en ese sitio, pero con lo que ganaba podía solventar algunos gastos, aunque su hermana le pedía una parte de lo que ganaba ( también al hermano mayor) para pagar lo que se había gastado en traerlos.

Mientras, el hermano más pequeño con el que había llegado, se dedicaba a estudiar francés y su primaria, y la mamá a cuidar a los hijos de unos conocidos latinos.

Así pasaron 4 años, en los que Ana  había dejado de estudiar, pues ya no aguantaba los horarios tan pesados, salía de casa a las 5 am y llegaba a las 12 de la noche.

En ese tiempo, también aprendió a hablar el francés y comenzó a tener amigos, ya no se sentía tan sola, hasta se volvió fan de la música de la canadiense, Celine Dion, quien en ese entonces lanzaba su primer disco.

Cuando la vida te pide que tomes decisiones

Por azares de la vida, su hermano mayor, con quien solventaba los gastos de la familia, murió atropellado. De esta manera, Ana tendría que hacer un esfuerzo mayor para traer dinero a casa, por lo que se sentía muy sola y un tanto desesperada.

Al poco tiempo, trajo a su enamorado del Perú a Canadá, pue sabía que él podría ayudarla con los gastos y ya no se sentiría tan sola. Sin embargo, la relación no fue como ella pensaba y se separaron muchas veces.

Ya con 30 años,  y después de haber pasado por varios trabajos, sufrir una fuerte pérdida y un enojo con su hermana mayor, la que la trajo a Canadá, se enteró que estaba embarazada, del ex del cual se había separado recientemente. Decidió tener al bebé que esperaba, pero no le diría nada al padre, ahora tendría que comenzar una nueva vida y sacar adelante a ese pequeño ser en camino.

Así, estudió una carrera técnica de 6 meses, para ser ayudante de enfermera, tuvo que revalidar los estudios que hizo en Perú. Al poco tiempo, ya con su hijo nacido, se dio cuenta que si quería obtener mayores ingresos, debía estudiar la carrera de enfermería, y no conformarse con ser ayudante, por lo que tomaría el curso, que duraba 3 años.

Aunque Ana ya hablaba bien el francés, para estudiar enfermería tuvo que sacar un certificado de que hablaba y escribía el idioma, estudiar más, aparte de la carrera. Como su escuela estaba al otro lado de la ciudad, se compró un carro, que aprendió a manejar para ir hasta allá.

Se graduó como enfermera, consiguió trabajo en el hospital, en el cual lleva más de 4 años y actualmente vive tranquilamente con su hijo, hoy un adolescente, con cual busca tener bastante comunicación. Se siente feliz de poder ofrecerle a su hijo las comodidades que brinda Canadá y las oportunidades, como de entrada hablar 3 idiomas, inglés, francés y español, la lengua original de la familia.

Ana explica que trabajar tantos años en una fábrica o en el aseo de casas le dio la fortaleza para buscar mejores oportunidades y prepararse para conseguirlas. De esta forma, también habla de la necesidad de que los latinos nos sigamos preparando, para ocupar puestos cada vez más altos y que nos permitan vivir cómodos y tener mayores tiempos de calidad con la familia.

Ahora, esta mujer de pequeña estatura da gracias a la vida por haber permitido que llegara a Canadá, país que desconocía por completo y ahora agradece grandemente, pues ha podido desarrollarse como madre, mujer y profesional.

*Ana no es el nombre real de este personaje, que ha querido mantener su nombre en el anonimato.

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